La Universidad de Mondragon reflexiona, y lo hace además, de forma importante, sobre lo que aporta y resta lo 2.0. Así que nosotros no vamos a ser menos y, reflexionando, reflexionando he llegado a algunas ideas, a ver que os parecen.

Por de pronto nuestro proyecto, MU 2.0, simbolizado por este blog está en un momento de “impasse”. Nuestra criatura ha crecido y ahora, en manos de la Universidad, de las Facultades y de las personas, tomará vida propia fuera de nuestro alcance ¡¡Es ley de vida!!  Creo que hemos cumplido nuestro cometido “hablar de software social en Mondragon Unibertsitatea” y colocarlo como un tema importante en la agenda de debate.

Y, ¿qué será de nuestra criatura? En su momento ya detectamos algunos retos para nuestra universidad con respecto a lo 2.0. Creo que tiene un importante, y positivo, papel que jugar en la generación de un espacio colaborativo y cooperativo dentro de un modelo que  busca la autogestión y, ni que decir tiene, que nuestr@s investigador@s deberán difundir sus trabajos a través de Internet, utilizando entre otras herramientas blogs y wikis, para generar una reputación que les permita formar parte de redes y comunidades de conocimiento a nivel global.

Pero sin duda donde nos jugamos el ser o no ser es en entender, de verdad, el papel que debemos jugar en el sistema de aprendizaje que se está generando al calor de la web social o 2.0 Y no sólo me refiero a las posibilidades que la web social ofrece para el famoso “aprender a aprender” sino, sobre todo, en la forma en la que nos acercamos a la multitud de personas que quiere/necesita seguir aprendiendo toda su vida. No pretendamos que la formación perpetua sea predominantemente presencial ni centralizada. Debemos generar el contexto para ayudar a aprender a un ritmo continuo, individualizado y basado en el saber de los demás (entediendo a cada individuo como recurso potencial de aprendizaje) y no de un modo  puntual, uniforme y central (el profesor). El acceso universal e instantáneo a la creación y distribución de información supone la ruptura de la figura del profesor que, y aquí sí que requerimos de una reflexión de calado, debe buscar su nuevo lugar como broker de conocimiento e información y no como creador o conseguidor exclusivo de tales recursos. No nos engañemos, la gran apuesta no está tanto en el paso de lo presencial a lo “a distancia” ni de lo escrito y oral tradicional a lo multimedia. Es la transición entre la educación de una formación estrictamente institucionalizada (la escuela, la universidad) a una situación de intercambio generalizado de los saberes, de enseñanza de la sociedad por ella misma. El aprendizaje distribuido, en red o cooperativo no requiere del profesor tradicional en su púlpito sino de personas que aporten valor animando y construyendo redes virtuales de trabajadores del conocimiento co-aprendiendo a su alrededor.

Cambios, cambios, cambios por todos los lados. Pero no se producirán en el aire, sobre la nada. Necesitamos prepararnos para ellos desde muchos frentes. Me gustaría destacar dos; en primer lugar necesitamos asegurar una infraestructura tecnológica, una capa base, que garantice una fiabilidad y velocidad de navegación suficientes. Es preciso revisar nuestras premisas básicas sobre cómo debemos gestionar nuestros sistemas de información para que no supongan un freno, sino un acompañamiento ágil y flexible a escenarios turbulentos. En segundo lugar, la web social es de las personas. Pero eso, que puede llegar a sonar tan bien, significa que cada uno de nosotros debería involucrarse en la creación e intercambio de conocimiento en red.Y eso sigue sonando bien hasta que somos conscientes de su verdadero impacto en nuestro nivel de transparencia y reputación. La web 2.0 nos “obliga” a tener identidad digital y eso incomoda a mucha gente. A la web 2.0 no se puede llegar por delegación como se hacia en lo 1.0. Es necesario que se escuche el sonido de voz particular de cada uno de nosotr@s. Lo siento, todo cambio, y especialmente éste, comienza por un@ mism@. Quizás sea el momento de dejar de mirar a la organización y mirarnos a nosotr@s